IRÁN

Escrito por Almundo el miércoles 8 de enero de 2020

Irán

Irán

mezquita musulmana iraní

El bazar en su laberinto

Teherán y otras ciudades de Irán

Muchos hombres frenan su auto, bajan la ventanilla y gritan: “Welcome to Iran!”. Por la calle, transeúntes me dicen al paso “Salam, salam” y se llevan la mano al corazón. Me pierdo en Teherán y un señor baja la persiana de su tienda, enciende la moto y me lleva al hotel. El guía de una mezquita en Isfahán es mucho más explícito y para colmo en castellano: “Por favor, díganle al mundo que los persas no somos terroristas”.

irán hombres iraníes

Los iraníes llevan ese estigma en la frente, aunque pertenezcan a la rama shiita del Islam, opuesta por el vértice a los sunnitas de Al Qaeda e ISIS.

Aterrizando en Teherán, Irán

Al aterrizar en Teherán mi mayor preocupación se desvanece de inmediato: me colocan la visa en el pasaporte argentino en un trámite de veinte minutos. Bajo por las escaleras mecánicas rumbo a la salida y aparece un gran cartel de la única marca global que luego vería anunciada en todo el país: un teléfono Samsung con fondo de ruinas babilónicas. Y al lado, otra gigantografía: el semblante, entre cálido y severo, del ayolala Komeini, líder religioso y político de la singular Revolución Islámica de 1979.

niños iraníes

El aeropuerto tiene una modernidad algo apagada y sobria pero no vetusta, para los parámetros occidentales, un adelanto del urbanismo promedio de Teherán. En el hall central aparecen las primeras mujeres de negro con su aura de monjas luctuosas, dejando ver solo la cara: una minoría viste así pero todas se cubren la cabeza, las piernas y los brazos hasta las muñecas.

(Recorré el mundo con Almundo Marcopolo)

Fuera del aeropuerto

Al poner un pie fuera del aeropuerto, veo que los canteros ya no tienen plantas sino la misma arena voraz que invade incluso los bordes del asfalto. El taxi rueda por la autopista bajo la noche mientras Irán comienza a develarse como ese gran desierto que es casi todo su territorio con algunos oasis.

irán escultura

Resulta curioso que aquí y no en el verde trópico hayan surgido las primeras civilizaciones de la historia en las legendarias ciudades de Ur y Uruk, levantadas por los sumerios de la Mesopotamia hace cinco mil años. Y más particular aun es el hecho de que la milenaria civilización persa perdure hasta hoy, incluso con algunos miles profesando la religión originaria del zoroastrismo. Los mejores restos arqueológicos de la antigua persa son las ruinas de la ciudad de Persépolis cercanas a la ciudad de Shiraz.

Cómo es un amanecer en Irán

Me sumerjo en mi primer sueño persa y al amanecer salgo a caminar por Teherán, una  capital rodeada por resecas colinas con nueve millones de habitantes. Desciendo a las galerías del moderno subte y me envuelve una pequeña conmoción: en una mesa una vendedora ofrece libros en farsi donde reconozco El otoño del patriarca, la novela de Gabriel García Márquez.

niña irani en paz en iran

Niña iraní

Entro a un vagón y me descubro en el centro de una veintena de mujeres mirándome de reojo: estoy en la parte femenina del tren. Las puertas se cierran así que curioseo en ese espacio vedado: dos vendedoras ambulantes ofrecen maquillaje y como muestra de calidad, le pintan un solo ojo a varias mujeres. Al tener casi toda la piel cubierta y las curvas suavizadas, el rostro de las mujeres jóvenes está sobrevalorado e hipermaquillado.

mujeres iraníes

Emerjo del metro en los bordes del gran bazar de Teherán, un entramado peatonal de callejuelas techadas, el corazón económico de la ciudad y también un termómetro político de la sociedad: el día que se declaró en huelga general en 1979, el destino final del régimen pro occidental del Sha estuvo sellado. 

(¿Cuál es tu próximo viaje?)

El bazar

Entro al bazar por una de sus varias aberturas en forma de arco islámico en medio del ajetreo matutino. Carros de dos y cuatro ruedas van y vienen empujados por hombres de andar frenético que se consideran con prioridad de paso: si no me corro, creo que me pasarían por encima. Un muchacho musculoso camina con cinco largas alfombras enrolladas al hombro y otro empuja una carretilla cargada de peras formando una pirámide.

bazar iraní hombre musculoso

En el bazar existe una unidad espacial mínima, una célula madre que se reproduce en serie: el cubículo de 1,5m². La tienda más grande tiene hasta cinco metros de frente y nunca son profundas. Porque aquí hay un límite tácito que no permite gigantes. La megatienda no encaja en los parámetros culturales del comercio en un bazar del mundo islámico, todos ellos unidos alguna vez por la milenaria Ruta de la Seda.

Esta estructura al estilo medieval, con algo de panal de abejas, no ha variado en siglos. Y difícilmente podría hacerlo: la estrechez de las vías interiores impide el ingreso de la maquinaria de la civilización moderna (aunque sí entren sus productos). El bazar no se puede extender hacia afuera porque se chocaría con la ciudad, pero crece hacia arriba con edificios de hasta cuatro pisos.

Sigo caminando

Aquí se impone la estética abigarrada del rejunte. Cada negocio es el reino de una acumulación superpuesta de productos hasta el techo, a lo largo de cada una de las tres paredes: la cuarta falta porque por ese espacio se entra a estas tiendas sin vidriera ni mostrador, donde no hay barrera entre clientes y vendedor: muchas veces se compra desde afuera porque no hay espacio para dos en la tienda.

bazar iraní

Todo el stock parece estar siempre a la vista, al alcance de la mano del dueño. Un vendedor de relojes pulsera con blanca barbita bíblica parece haber pasado ya tres cuartos de su vida encerrado en su cubículo -cuyo largo y ancho puede abarcar con los brazos extendidos- donde sus productos no solo se acumulan hasta el techo sino que también cuelgan de él.

Camino unos metros hasta un puesto de solo cordones y soguitas elastizadas. Su vecino oferta botones y los exhibe en bolsas de doscientas unidades en color plateado, dorado o negro: esta es toda la oferta, que sin embargo cubre todo el alto y ancho de cada pared.

Las alfombras y el regateo

Mi deriva peatonal desemboca en el sector de alfombras persas, las más famosas del mundo ya desde el tiempo de las caravanas de camellos de la Ruta de la Seda. Las veo amontonadas por decenas una encima de la otra: en una tienda un vendedor duerme la siesta sobre una mullida pila. Las mejores las hacen los nómadas del desierto, inspirados en el mismo patrón geométrico con arabescos no figurativos que impone el islam a sus templos. Los precios van desde 25 a 25.000 dólares y se las puede mandar a casa por DHL. Pero eso sí: hay que pagar en efectivo porque en Irán el bloqueo comercial internacional impide el funcionamiento de las tarjetas de crédito occidentales.

irán hombre alfombras

“En occidente, donde los precios los son fijos, comprar carece de todo arte”, escribió Elías Canetti. En este bazar también el regateo es regla –los precios nunca están a la vista-, aunque la oferta inicial que arroja el vendedor no está tan inflada como en otros países islámicos. El bazar es como una ciudad a destiempo dentro de la metrópolis, donde conviven lo sagrado y lo profano: el banco y la mezquita. Excepcionalmente uno se topa con una escalera mecánica –leve y casi único rasgo en común con un shopping mall- y cajeros automáticos. También hay tornos y cinceles. 

Más que un bazar

Pero Irán no se reduce a un bazar -aunque lo haya casi en cada ciudad- ya que es un país moderno a su manera y rico en petróleo. Sin embargo, estos ámbitos comerciales techados y bien delimitados -con algo de recinto amurallado que se protege de cierta modernidad- son una metáfora del mundo persa de hoy: cambiante y contradictorio, con una población estigmatizada que le grita al mundo –siempre con una sonrisa y extrema amabilidad- que no aman la guerra ni el conflicto, que aman la paz.

irán noche cúpula

Shiráz es una ciudad de 2500 años al pie de los montes Zagros, donde habitan nómadas con quienes muchos viajeros van a pasar unos días en sus tiendas del desierto. En su mezquita Nasir ol Molk, hay unos coloridos vitrales donde se toman algunas de las fotos más famosas de Irán.

Yazd, tres veces milenaria, es una ciudad oasis con un laberíntico casco antiguo de arquitectura en barro declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Isfahán es la tercera ciudad de Irán, famosa por su gran Plaza Naghsh-i-Jahan, rodeada de palacios y mezquitas con lo más refinado de la arquitectura iraní.

Texto y fotos: Julián Varsavsky

Author: Almundo


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