TEXTO Y FOTOS: GUADALUPE PICCIONI

USHUAIA

LA CIUDAD INVISIBLE

USHUAIA

Texto y fotos: Guadalupe Piccioni

IMAGINO A LAS MUJERES, FUERTES COMO UN PUÑO, TIMONEANDO LA CANOA DE GUINDO DESDE LA POPA

La geografía de la Patagonia Austral es extraña. Allí, la Cordillera de los Andes hace maromas imposibles: a medida que se tuerce hacia el este, las costas se desgranan en islas y entre ellas los lagos, ríos y canales serpentean misteriosamente. Al sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego, en la bahía de Ushuaia, a orillas del Canal de Beagle, enseguida me acostumbro a estar rodeada por la cordillera, como si fuera un inmenso abrazo de tierra. Caminando por esta comarca de extremos, muy al sur en Argentina, a veces ocurre que miro para todos lados como desconfiada, deprisa, porque de entre el cielo plomizo sale un sol que horada la espesura de las sombras del bosque fueguino y entonces el paisaje se enciende. Cuando ello ocurre, las hojas amarillas y rojas de las lengas y los ñires brillan como si fueran capaces de hacer arder la nieve, que ya empieza a acumularse en el otoño.
Una de esas mañanas de sol indeciso, en el río Lapataia, embutidos con ropa abrigada e impermeable, los tripulantes del gomón remamos lento, embobados por la insólita aparición de islas y promontorios de piedra que parecen pedestales para que las aves se exhiban. Basta asomar la proa a una cierta distancia imprudente -imprudente a criterio de los cormoranes- para que las aves despeguen de la piedra y aterricen en el agua interrumpiendo la placidez de los patos vapor, que retozan a lo lejos.

EN EL CENTRO ESTABAN LOS CUARTELES DE LA PRISION

Lo que más me gusta del hotel Arakur es que parece una nave espacial engarzada en el cerro Alarkén. Sus ventanales miran a los bosques que gatean montaña abajo. Los árboles dan sus últimos pasos en la bahía de Ushuaia, mezclándose con el remolino de caminos y edificios de colores de la ciudad. Llegando al Canal de Beagle, la floresta se desliza en el agua arrugada o tensa, según brame un vendaval o reine la quietud silente y fría de un día soleado.
Por encima, el paisaje es de montañas calvas: roca y nieve, nada de pasto. Anoto: a los 600 metros de altura empieza el permafrost. Allí no crece nada, ni siquiera el estoico guindo siempreverde, el árbol que escala más alto, se aguanta vientos feroces y resiste el frío que a un hombre, desnudo y quieto, lo dejaría con el corazón hecho un carámbano.
Por la noche, Ushuaia deja de tener el aspecto de una ciudad y las luces trémulas revelan una trama como de telaraña. Intento imaginar la vieja ciudadela penal que fue entre 1904 y 1947, recostada en los regazos del Monte Oliva, Monte Martial y Cinco Hermanos, últimos contrafuertes andinos, donde termina la provincia de Tierra del Fuego. En el centro estaban los cuarteles de la prisión (todavía están: devinieron en museo), y a su alrededor las casas donde vivían funcionarios y pobladores, que puchereaban con el pequeño comercio que producía el penal. Solo un plato volador podía sacar a un preso vivo de Ushuaia.

RODEADA POR LA CORDILLERA

Miro la castorera desde la orilla: un enjambre caótico de troncos derribados a mordiscones cortándole la circulación al río para hacerse madrigueras en aguas estancas. “¡Ahí hay uno!”, dice alguien. Para cuando mis ojos dan con su gran cabeza, quieta como un cocodrilo, el castor empieza a diluirse entre unas lonjas de hielo y perderse en su ciudad invisible. Mientras tanto, la noche empieza a descolgarse de la copa de los árboles y las dos Defender 4×4 arrancan para ir al lago Escondido.
Es imposible que un presidiario escapara, pienso, mientras atravesamos el bosque. Las jaulas de los presos en el penal no son más intimidantes que esta arboleda, que parece infinita. También pienso que de algún modo los presos fueron pioneros: encomendados al fin del mundo a principios del siglo XX, aquí no estaban ni los castores, que fueron introducidos en la comarca en 1946. A veces los reos andaban sueltos, con sus mamelucos a rayas negras y amarillas por todo abrigo. Debían cortar leña en el monte o construir rieles para el tren que los llevaría de sus rejas de hierro a los bosques del oeste, hoy Parque Nacional Tierra del Fuego. Ninguno logró escapar jamás.
Cerca del lago estacionamos las camionetas y seguimos a pie por el bosque, en fila india y linterna en mano por un sendero donde apenas entran dos pies juntos; fuera del camino, la nieve camufla los turbales helados, es traicionera. De modo que tengo que andar con cuidado para no mojarme y arrastrar una pierna entumecida por el frío. Apuramos el paso para llegar a la cabaña en un claro y calentarnos las manos donde Juan Pablo, un guía, hace crepitar el asado. Adentro está el otro guía sirviendo copas de Malbec a la luz de las velas. “¡Encendé la salamandra, Walter!”.
– ¿Qué es?
– Pulpo del Canal de Beagle en compota de cebollas y pétalos de cebolla morada. Tan simple como eso.
Richard Vieira, el chef de los fogones del hotel Arakur, dice “tan simple como eso” y yo me quedo pensando en que esta Patagonia intensa, extrema, es de algún modo mansa -no hay bichos ponzoñosos ni animales que a una la vayan a comer viva-. Pero simple, lo que se dice simple aquí no hay nada. No me parece simple la vida de un pulpo en el fondo helado del Beagle, como tampoco me sugiere simpleza una travesía en canoa de los yámana por el canal de Beagle, que mide 322 kilómetros desde el canal Cockburn, en Chile, al cabo San Pío, y une los dos océanos más grandes del mundo. Me imagino a las mujeres, fuertes como un puño, timoneando la canoa de guindo desde la popa; los niños cuidando el fuego que se prendía en el medio de la embarcación; el hombre en proa cazando con arpones lobos marinos, nutrias, centollas, peces. A la hora de la verdad, eran las mujeres quienes se tiraban al mar para recoger la presa.
Y sí: mi cena es todo un lujo y yo no tuve que hacer nada. A lo sumo, después de la digestión, meterme en la piscina del deck al aire libre, con el agua a 40 grados, a mirar el mar, la ciudad, las montañas. Simple. Tan simple como eso.

Mostrar más información

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

o    

¿Olvidó sus datos?

Create Account