TUCUMÁN

OBSERVATORIO DE AMPIMPA

Por Guido Piotrkowski

De chico, Julio Nieva pasaba las noches en vela mirando el cielo, uniendo estrellas para dibujar constelaciones. “Los telescopios siempre me gustaron”, dice ahora Julio, que ronda los cincuenta años y siempre soñó con tener uno de esos instrumentos, un objeto al que solo veía en los manuales escolares. Desde hace dos décadas, Julio cumplió el sueño del pibe: trabaja como guía en el Observatorio de Ampimpa, a escasos kilómetros de Amaicha del Valle, su tierra natal, una comunidad indígena en el corazón de los Valles Calchaquíes, provincia de Tucumán. Experto astrónomo, maneja el telescopio con maestría. “Conoce a la perfección el Observatorio y el cielo mejor que nosotros”, dice Alberto Mansilla, director del centro astronómico y quien capacitó a Julio para guiar a los viajeros y los chicos, que llegan en viaje de estudios.Ubicado a un costado de la ruta 307 sobre un cerro pequeño, rodeado de cardones centenarios, en el observatorio organizan talleres de física, de energía solar o de geografía durante los campamentos científicos estudiantiles. Además reciben viajeros, que pueden hacer observaciones y pernoctar en alguna de las cabañas semio cultas en el bosquecito de pinos.
En Ampimpa, las actividades arrancan a las 8 de la noche y terminan a las 10 de la mañana. Pero uno puede irse a dormir tranquilo, porque sabe que no se perderá nada: Julio será el encargado de tocar suavemente la puerta alrededor de las 4 de la madrugada, la hora en que se dan las mejores condiciones del cielo para observar claramente Júpiter o los anillos de Saturno.
El conocimiento de Julio es ancestral: los indios americanos –de quienes desciende- siempre se rigieron por los astros, ya que sus calendarios solares y lunares de terminaban las cosechas. Antes de que aprender a usar el telescopio, Julio Nieva ya conocía los recovecos del cosmos.

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