ESCOCIA. JUEGOS, WHISKYS Y POLLERAS

Fotos y texto | Almundo Press

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Europa. En auto de Edimburgo a las emblemáticas Highlands

Edimburgo. La telaraña Medieval

Al cabo de cuatro horas y media, culmina el trayecto en tren que va desde la estación King Cross en Londres hasta la de Waverley en Edimburgo, la capital escocesa, en el corazón de las Tierras Bajas. Ubicada en pleno centro, la estación envuelve la llegada con su encanto medieval. Los edificios

están construidos con enormes bloques de piedra al desnudo que registran en sus muros oscurecidos y húmedos el paso de los siglos. El legendario Castillo de Edimburgo se asienta en la meseta rocosa de un volcán extinto y es el epicentro de la Ciudad Vieja (Old Town), creada desde el siglo XII. Ir hacia allí es irresistible. Para ello hay que caminar por la calle principal, la Royal Mile, desde el Palacio Holyro­odhouse, que es la residencia de verano de la familia real inglesa.

A medida que avanzo descubro que a ambos lados se originan callejones medievales (closes) que suele n terminar en patios circundados por casas de piedra.

Otros closes son pasadizos oscuros que llevan a una ciudad subterránea donde vivían, igualmente hacinados, marginales y maleantes durante la Temprana Edad Moderna. Por caso, Brodie’s Close recuerda la historia real de William Brodie, un afamado ebanista que por las noches oficiaba de ladrón y asesino, y que inspiró la pluma de Robert Louis Stevenson para su novela El extraño caso del Dr.Jekyll y Mr. Hyde.

En la superficie de este inframundo brillan las tiendas de regalo, los pubs y elegantes edilicios victorianos de cinco o seis pisos que nos obligan a mirar hacia arriba. Del interior del EnsignEwart -un bar histórico de 1690- afloran sonidos celtas que se mezclan con las melodías que tocan a la gorra los gaiteros en la calle. Uno de ellos, enfundado en su traje escocés, se detiene en la mitad de su espectáculo y comienza una charla deliciosa.

Postales de Edimburgo. Capital de Escocia
Panorámica de Edimburgo, Escosia

1. Jardines de fa Calle de los Príncipes.
2. Royal Mile, 0ld Town , Edimburgo.
3 . Pub típico de la ciu­dad.
4. Un stop en la ruta, recalculando.
5. Puente de Waverley y Edimburgo, desde Scott Monument.

Edimburgo. La “Atenas del Norte”

Así me entero que durante las guerras anglo-escocesas, el Castillo de Edimburgo cambió de signo muchas veces. La razón de tanta trifulca fue esta ciudad, deseada como la joya más fina de la Corona británica presume el artista.

Es que por donde se la mire, la apodada “Atenas del Norte” – asomada al estuario de Forth desde lo alto de las siete colinas en las que se levanta destila belleza y sabiduría.

La razón de su apodo no se explica sólo por la función que cumplió la Ciudad Vieja como acrópolis – continúa el gaitero-, sino por la copiosa arquitectura neoclásica del New Town, como la National Gallery of Scotland o el National Monument en la cima de Calton Hill, que con sólo doce columnas remite al Partenón de Atenas… Aunque tal vez, más que a ninguno, el mote se lo debamos a David Hume y a Adam Smith, que vivieron durante la Ilustración escocesa en el siglo XVIII.”

Como recordó el músico, no fue sino hasta el siglo XVIII cuando la periférica Ciudad Nueva (New Town) surgió para descongestionar a la Vieja. Ambas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2005. No es para menos: la ciudad particularmente pequeña tiene 16.000 edificios catalogados oficialmente como “de importancia histórica”. Su castillo es una especie de microcosmos amurallado en el que hay un laberinto de calles, escaleras y recovecos que conducen a patios in ternos y largas balconadas con cañones apuntando hacia el mar. Recorrerlo nos lleva horas: ¡con razón se tardó casi ocho siglos en acabarlo!

Costa de Edimburgo

Atardecer en Edimburgo

Pobre Malcom III de Escocia, el hacedor inicial del castillo, que nunca supo lo que había comenzado… Resulta extraño pues que Edinburgh (que en boca de los lugareños suena edimbra) provenga de Edwinburgh -fortaleza de Edwin – en referencia al rey Edwin de Northum­bria, quien la tuviera por suya en el siglo VII, mucho antes de que existieran el castillo y la ciudad.

El regreso es por la cercana Princes Street – que delimita el New Town -, bordeando los Jardines de la Calle de los Príncipes que poco a poco se pueblan de trabajadores en su hora del almuerzo. Se ven los riscos de Salisbury Crags – en la colina más alta de Holyrood Park y de todo Edimburgo, resplan­deciendo con un color naranja como a punto de incendiarse. Desde allí se admira la puesta del sol como desde el peldaño más alto de un anfiteatro co­losal: con la ciudad entera hacia el frente y la luz del ocaso resaltando los contornos de las torres góticas.

La noche se cierne sobre los callejoncitos medie­vales. A medida que oscurece, los pasillos de Edimburgo se transforman en una telaraña cada vez más negra que se esparce por toda la ciudad, envolvién­dola en un profundo halo de misterio arácnido.

Edimburgo, Escocia

PARQUE NACIONAL CAIRNGORMS

El DESTINO DE UNA CORDILLERA

El último día en Edimburgo, paso a buscar el auto de alquiler para llegar hasta Inverness, la capital de las míticas Highlands, las Tierras Altas. El cielo, totalmente despejado, augura un día de pleno sol para encarar la ruta hacia el norte de Escocia. El viaje será a la vieja usanza: sólo con un mapa de papel. En el camino, atravieso de sur a norte todo el Parque Nacional Cairngorms, el área protegida más grande del Reino Unido.

Por sus dimensiones, 3800 km2 (casi el 10% de la superficie de Escocia), es parecido al Parque Nacional Lanin, en la Patagonia Argenti na. Aquí, sobreviven los últimos grandes bosques nativos de pino rojo que otrora cubrieran todas las Tierras Altas, y un cuarto de las especies de la fauna y la flora más raras y amenazadas de las Islas Británicas.

La cordillera de Cairngorms esta columna vertebral del Parque Nacional. Sus montañas no son especialmente altas, pero sí las más altas del Reino Unido. El Ben Macdhui (1309 msnm) se eleva como un mirador natural al cual se accede a pie por sinuosos pero accesibles caminos de arenisca. En invierno, funcionan cinco pistas de esquí. En uno de los tantos lagos que salpican el parque, un hombre arropado con un wader (el traje imper­meable que usan los pescadores con mosca) y con el agua hasta la cintura le recuerda a su hijo:”no te olvides que la trucha está peleando por su vida”.

Con el pez devenido en pescado, el chico posa con una sonrisa triunfante anee la cámara de focos del fotógrafo, Ariel.Seguirnos viaje. A los costados de la ruta, los valles frondosos alternan con pantanos y páramos de una desolación sobrecogedora y en menos de una hora llegamos a la ciudad de lnverness. Ubicar el hotel, Highlander B&B, se presenta como un nuevo desafío. Sin embargo, los escoceses se toman todo el tiempo del mundo para dar indicaciones tanco o más detallistas que el GPS más actualizado;y así llegamos al hotel ubicado en el número 28 de la calle Ardconnel.

En lnverness, como en la mayoría de las ciudades de las Highlands, las calles se acomodan a las re­dondeces de las colinas y al final, luego de dar varias vueltas por un racimo de calles enmarañadas, uno aguza el sentido de la orientac ión. ¡Y llega!”

Bosque

INVERNESS

SCOTCH, EL AGUA DE LA VIDA

La vista desde las explanadas del Castillo de lnver­ness, elevado en un terraplén, asemeja un mapa 3D de los encantos de la pequeña ciudad. Y es lógico porque el lugar donde hoy funcionan los juzgados municipales, fue tma fortaleza medieval. Eso se nota aunque fuera arrasada en el año 1746, en tiempos en que los jacobitas procuraban la restauración de los miembros de la Casa de los Estuardo en el trono.

A ambas márgenes del río Ness, la extensa red de techos oscuros acompaña el recorrido del río hasta su desembocadura en el Fiordo de Moray. Sobresalen la Catedral de Se. Andrew,el moderno Eden Court Theatre, el mercado victoriano y The Castle Tavern, un pub a unos 100 metros de dis­tancia donde una multitud se aferra a sus vasos de bebida maltosa y cristalina.

Las primeras pinceladas rosas en el cielo insinúan que se avecina la noche, así que ingresamos al bar y nos abrimos paso hacia la barra donde una camarera despacha, sin pausa, cerveza tirada y whisky escocés, el famoso scotch. Mientras hacemos el recorrido visual de las botellas
de whisky,exhibidas en los aparadores como si fueran las joyas de la Reina,la variedad de tipos y etiquetas hace demorar nuestro pedido. Un hombre cincuentón, empinado sobre la barra y con pose de cliente fiel, balbucea una frase ininteligible y gira 15 grados para dirigirnos una mirada vidriosa, con la clara intención de poner a nuestra disposición sus ojos celestes y su sabiduría.

¿Cuál es el mejor whisky escocés? preguntamos. Somos prácticamente abstemios y nuestra escasa cultura etílica raya la ignorancia . Ustedes dirán responde, impregnado de un vaho alcohólico indisimulable. Enseguida el improvisado anfitrión, llama a la camarera por su nombre y ordena tres medidas de whisky, una de cada tipo: simple malt, pure malt y un blend. Luego sobreviene una breve discusión (muy seria por cierto, porque el whisky en estas tierras es cosa seria) con su joven compañero de parranda, “Paul” acerca de la temperatura y la proporción de agua mineral que se debe agregar a la bebida para que ésta suavice sus sabores y libere los aromas. Lo que sí queda claro es que para un escocés el whisky on the rocks es un pecado: es como agregar soda a una copa de buen vino.

Los tres vasos que contienen “el agua devida”  uisge beata en gaélico, de donde deriva whisky, en in­glés están alineados, listos para la cata. Probamos uno por uno, primero el olfato y luego un sorbo­ en el orden que se nos indica. Como saldo, además de una leve borrachera nos llevamos anotado en
un papelito la dirección de la destilería Glen Ord, donde un amigo de PauI nos hará una visita guiada para conocer todo el proceso de la elaboración del scotch, en las tierras que producen el mejor whisky del mundo.

Postales de las Highlands
  1. Camino sinuoso, rumbo a lnverness.
  2. The Castle
  3. Tavern, Inverness.
  4. Castillo de lnverness.
  5. Banff pueblito costero.
  6. Salisbury Crags, Holyrood Park.

RUTA DEL FIORDO DE MORAY

COFFEE PARA LLEVAR

A la mañana siguiente, el hotel ofrece un desayu­no para un hambre canina: salchichas, huevos, tocino, frijoles, tomate asado, champiñones salteados y una tortilla a base de harina. Luego del banquete, encaramos la ruta en dirección este, hacia al Campo de Juego del poblado de Cornh ill. La motivación corresponde a los Highland Games, un evento que promete un gran día de fiesta a pura tradición.

Hay varias rutas que llegan a Cornhill, pero la que bordea la costa del Fiordo de Moray es la más prometedora. A lo largo delcamino, es interesante detenerse a explorar los bucólicos paisajes de la cam­piña escocesa: campos ondulados donde las ovejas pastan orondas, pequeños pueblos que colonizan las playas de arena, escolleras que se meten en el mar como largos dedos de piedra.

Dentro de una cafetería varias familias se refugian de un probable chubasco.
La cita es a las once en punto en el Campo de Jue­go, de modo que pedimos café para llevar. Nuestra interlocutora es una anciana de pelo blan cocomo la nieve, recogido con una peineta de nácar, quien nos hace una seña para que esperemos. Al ratito, parsimoniosamente, regresa con dos tazas de café humeante que hacen equilibrio sobre una bandeja plateada. Al ver las hermosas tazas de cerámica desconfiamos de nuestro inglés y le repetimos – casi naufragando en sinónimos- que son to go,”para lle­var” Y en un inglés tan claro como su piel delicada nos alecciona: “Las tazas van deregalo, porque no tengo vasos descartables y no se demoren ni un minuto mds porque van a llegar tarde”

La belleza de las tierras altas de Escocia

CORNHILL

JUEGO DE POLLERAS

Alejándose del mar, la carretera B9023 accede a Cornhill. La pequeña aldea está emplazada en medio de una llanura del condado de Aberdeen, que recorre desde los Montes Grampianos hasta las acantiladas costas del Mar del Norte.

Llegamos can a tiempo al Campo de Juego, que los gaiteros apenas terminan de afinar las pipas de sus gaitas. La banda y toda su formación -incluidos tambores y bombos- se dispone a abrir la fiesta bajo un cielo despejado. Para el momento en que re­suena el último acorde celta, un anciano que oficiará de juez en los juegos nos cuenta: “la edición anual de los Highland Games (que tienen lugar de mayo a septiembre en más de 90 poblados escoceses) es un encuentroq ue viene de la época en que los clanes se reunían para medir fuerzas con pruebas pesadas (lo que era esencial para las batallas y la supervivencia) y las chicas bailaban al compás dela música celta”.

Pasamos revista a nuestro alrededor. Todos los participantes visten sus polleras tradicionales. “Las polleras que usamos las llamamos kilt – continúa el anciano- y están hechas de tela de tartán, una tela de lana con cuadros. Antaño, el color de los cuadros indicaba la pertenencia a un clan; hoy representa al equipo”.

En el centro de la pista de Cornhill, un hombre tamaño gorila,con su kilt y todos los músculos en tensión se prepara para lanzar a la máxima distancia posible una bola de acero que pesa más de 7 kilos y que tiene el tamaño de un cráneo humano.

En otro lugar del predio, prolijamente ataviadas blusa blanca y chaleco de terciopelo, kilt, medias de lana, delicados zapatos de baile y el pelo recogido en un rodete cirance – un grupo de niñas se prepara para su inminente performance.

Al final de la jornada, habremos presenciado el es­pectáculo más auténtico  de las highlands; un acon­tecimiento que evidencia el apego de los habitantes a sus tradiciones. Sería, por trazar un paralelo, como asistir a una fiesta gaucha en cualquier rincón de Argentina donde el folclore, la destreza  a caballo y el poncho cuyo color representa a la provincia­ son el alma de la fiesta.”

Postales de los highlands
  1. Lanzamiento de martillo, Highland Games
  2. Rumbo a Inverness
  3. Tren a vapor por el viaducto de Glenfinnan
  4. Gaitero en los highland games
  5. Cawdor Castle

FORT WILLIAM

EL TREN DE HARRY POTTER

La mañana siguiente a los juegos, el itinerario sigue por la ruta en dirección suroeste que bordea el lago Ness, a lo largo de casi 40 kilómetros. Junto a las ruinas del Castillo de Urquhart, que está a su vera, este lago es uno de los lugares más visitados de la comarca 60 kilómetros más allá está Fort William la ciudad más grande de las Highlands.

Ubicada a la sombra del pico más alto de Escocia, el Ben Nevis, donde abordamos un tren que hace un recorrido circular de 135 km a través de paisajes montañosos, lagos, ríos y poblados. Pronto llega al punto desco­llante. La locomotora a vapor marcha humeante por el centenario viaducto de Glenfinnan, un magnífico cruce ferroviario elevado a unos 30 metros de altura y apoyado en 21 arcos de piedra que se esparcen por colinas con vistas al gran Lago Shiel, en el corazón del valle.

En muchas escenas de las películas de Harry Potter quedó plasmada esta espectacular esceno­grafía. Tal vez, la más alocada de todas sea la escena en que Ron y Harry tratan de alcanzar el expreso Hogwarts a bordo de un Ford Anglia en el segundo film de la saga: Harry Potter y la cámara de los secretos. La última estación es la de Mallaig, una villa de pescadores desde donde el tren vuelve a Fort William. Allí los pasajeros buscan un restaurante con vistas al lago Linnhe. A nosotros,en cambio, nos toca desandar el camino en auto hacia Inverness. Una luna llena, blanca y veraniega se pasea por el cielo durante todo el trayecto. El viaje llega a su fin. Recorrer parte de Escocia en auto revela la belleza de sus paisajes y de la alegría con la que sus habitantes celebran sus tradiciones milenarias.
Propio de quien está orgulloso de sus raíces.

El legendario viaducto de glenfinnan en las highlands de escocia
El legendario viaducto de glenfinnan en las highlands de Escocia.

Cómo llegar

En Avión hay distintas opciones de vuelos diarios a Edimburgo.

Alquiler de auto

Recomendamos recorrer Escocia en Auto.

Cómo moverse

Edimburgo es la segunda ciudad más visitada del Reino Unido después de Londres. Es compacta, ideal para ser explorada a pie. Pero quien lo desee puede hacer un city tour a través de un Hop On – Hop Off Bus, un servicio de ómnibus donde el pasajero puede subir y bajar en cualquiera de las paradas ubicadas en puntos estratégicos (www.edinburghtour .com ).
Tres días completos alcanzan para recorrer Edimburgo y seguir el trayecto en auto hacia el norte, hasta la ciudad de Inverness, a 260 kilómetros, y desde allí recorrer las Tierras Altas de Escocia. Desde la capital de las Highlands al Parque Nacional Cairngorms hay 35 kilómetros; en dirección este a la aldea de Cornhill, poco más de 100, igual distancia que media entre Inverness y la ciudad de Fort Williams, hacia el suroeste.

Donde Dormir

Hoteles en Edimburgo

Holiday Inn Express Edinburgh City Centre 3*

Este hotel ofrece una fantástica relación calidad precio en una ubicación principal en el centro de la ciudad. Las habitaciones están en muy buenas condiciones, son modernas y están decoradas en colores cálidos.

Channings 4*

El clásico hotel ofrece un ambiente tranquilo en uno de los mejores lugares de la ciudad. El edificio cuenta con 5 plantas y un total de 46 habitaciones, muchas ofrecen vistas impresionantes sobre Edimburgo. Las mismas están decoradas de forma elegante y clásica combinando textiles como lino seda y piel con colores intensos.

Cuando ir

Primavera y verano. De mayo a Septiembre es la época más cálida y en la cual se pueden realizar la mayor cantidad de actividades.

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