DEDITO
PERUANO

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De algún modo comenzó Arequipa, la segunda ciudad más poblada de Perú, al sur del país, asomando una orgullosa estirpe incaica a 2328 metros sobre el nivel del mar. La historia dice esto: el territorio arequipeño fue instaurado por el inca Mayta Cápac (el cuarto gobernante del Curacazgo del Cuzco), que al llegar con toda su guardia fue aceptado por los pobladores, quienes le habrían respondido en quechua ari qipay, que significa “Sí, quédense”. Y allí quedó el hombre y el nombre, con el volcán Misti en el horizonte cercano, además de los otros volcanes: el Pichi Pichi, el Ampato, el Chachani, el Coropuna, el Sabancaya, el Hualca Hualca. Y allí quedaron ambos, el hombre y el nombre, cerca de los baños
termales de Yura, conocidos por sus propiedades terapéuticas. Y también quedaron cerca de las Cuevas de Sumbay, donde el arte rupestre guardó piezas de hace 6000 u 8000 años. Siglos después, muchos siglos después, nacería el Primer Marqués de Vargas Llosa, más conocido con el nombre de Mario, Premio Nobel de Literatura
en 2010, a quien seis años más tarde le crearían un títere para enseñar literatura a los niños de las escuelas de su Arequipa.
Territorio de la alpaca, uno de los camélidos de la región andina, Arequipa también se hizo un buen nombre por sus tejidos, entre los que se cuentan unos simpáticos títeres digitales, que el hombre de esta época suele usarlo en el índice de la derecha.

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