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EL INVIERNO ASCENDENTE

Texto y fotos: Nicolás Anguita

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PIONEROS

Uno de los recuerdos más gratos que tengo de San Martín de los Andes es de unos diez años atrás, de aquel día en el que conocí a don Américo Astete. Sentado en su pequeña oficina ubicada en un rincón de la tienda Casa Astete, en el pueblo de San Martín, don Américo vestía camisa, corbata y campera impermeable con forro de polar. Tenía bigotitos recortados y una mirada retraída. Las paredes estaban forradas con recuerdos de una vida devota de su pueblo y de su gente. Nacido en San Martín en 1923, Américo fue jugador de fútbol y bombero voluntario. A los 14 empezó como empleado en el negocio del que luego fue dueño.
Sobre todas las cosas, Américo fue siempre reconocido por haber sido uno de aquellos valerosos pioneros que a mediados del siglo XX hicieron las primeras bajadas en el virgen cerro Chapelco. Su gran amigo fue el recordado Federico Graef: “Fue quien inició el esquí acá en San Martín. Era ingeniero, alemán, muy dispuesto al deporte. Él formó el Club Andino Lanín, que después en 1946 se convirtió en el Club Lacar. Luego de años de explorar la zona, reconoció las bondades del cerro Chapelco y construyó el primer refugio para que todos pudiéramos ir a disfrutar de la montaña”. Los pioneros salían los sábados a la mañana a pie, en caravana, hacia el refugio, atravesando la montaña durante cuatro horas con esquíes, bastones, frazadas y víveres.

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FEDERICO GRAEF

fue quien inició el esquí en San Martín.

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EL CENTRO
DE SKI

El cerro Chapelco tiene una altura de 1980 metros sobre el nivel del mar. El largo máximo de pista es de 5,3 km y sus pendientes van desde los 20 a los 45 grados de inclinación. Tiene más de 28 pistas de distintos niveles de dificultad, lo que brinda alternativas para todo tipo de exigencias a lo largo de sus más de 1600 hectáreas de área esquiable. Se encuentra en el noroeste de la Patagonia Argentina, en la provincia de Neuquén, y a 20 kilómetros de la ciudad de San Martín de los Andes. Allí funciona uno de los centros de esquí más importantes y antiguos de Argentina: el Chapelco Ski Resort.
Los Back Bowls son lo nuevo. Estas travesías “fuera de pista con recuperación” hacia el centro de esquí, por medio de una de las máquinas pisa pistas especialmente acondicionada, permiten llegar a los lugares más recónditos y deslizarse en nieve virgen. En lengua mapuche, Chapelco se traduce como agua de chapel, un arbusto de la zona que prefiere la cercanía a los cursos de agua o las regiones anegadizas. En Chapelco se puede esquiar entre bosques de lengas, como le gustaba a Américo Astete.

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LOS BACK BOWLS

 son lo nuevo permiten deslizarse en nieve.

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HOMBRE RÉCORD

“Don Federico tuvo que construir una torre con escalera por fuera y por dentro, y una ventana en lo alto, porque a veces llegábamos y no encontrábamos el refugio, que estaba tapado por la nieve”, me contó don Américo en aquel encuentro. Como no supe más de él, busqué en Google y me encontré con la grata noticia de que, en 2015, fue nombrado Ciudadano Ilustre de Neuquén.
Una de las cosas que me inquietaron de sus relatos fue que, para llegar al cerro desde el pueblo, les llevaba hasta un día de caminata. A sus esquíes les agregaban piel de foca por debajo para poder ir cuesta arriba en la nieve. Atarvezaban los bosques de lengas, pequeños arroyos y en ocasiones llegaban a toparse con algún puma. Dicen que, en la actualidad, algunos pisapistas y socorristas del centro de esquí en lo que hoy se llama la Pradera del Puma, cuando no hay nadie en la montaña más que ellos, han llegado a ver alguno de estos felinos autóctonos de la Patagonia. Según Astete, al llegar al cerro las primeras tareas de entonces era buscar leña y agua de las vertientes cercanas. Al caer la noche, se juntaban alrededor de un tacho con leños prendidos y, entre mate y mate, se ponían a contar cuentos, mientras las mujeres preparaban algún guisado en la cocina económica.
El viejo Astete todavía guardaba copias del libro en el que los visitantes del refugio anotaban las actividades diarias. Allí pude leer: “Hoy domingo 6/10/51, siendo las 12.30 hs, hicimos una prueba de bajada desde el lo al refugio con un tiempo para Acerijo de 35 segundos y Tito Ponce de 36, batiendo el record anterior de Emilio Méndez de 52. (…) En estas carreras el tiempo nos acompañó, como así también la nieve; todos contentos y sanos, solamente se escucha las protestas de los fumadores, a quienes Don Federico los tiene cortitos, es decir no los deja fumar”.

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